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martes, 19 de abril de 2011

Recuerdos

Recuerdo con ocho años como mis padres y otros matrimonios hicieron el camino a pie con una burra y un carro hasta Guadalupe.
Nosotros nos quedamos con nuestra abuela, pero queríamos ir allí, al Monasterio de Guadalupe a ver a la Virgen, a esta Virgen que tanto nos habían hablado de ella.
Mis hermanos y yo, preguntábamos constantemente ¿Cuándo nos llevaréis a Guadalupe, a ver a la Virgen?. Nos decían, que cuando acabaran las vías y llegara el tren hasta allí. ¡Que ilusión! Pero el tren, nunca llegó. Las vías no llegaron a Guadalupe.
Pero sin embargo, fui a Guadalupe, una, dos y mil veces, y cada vez que tengo ocasión voy.
¡La he pedido tantas cosas, tantas cosas me ha concedido a mí y a toda mi familia que no puedo por menos que dar gracias una y otra vez!.
Yo también tengo una hija, y cómo ¡no!, si mi madre y mi hermana se quedaron con ganas de poner el nombre de Guadalupe a una de sus hijas, ¿Cómo no iba yo a ponérselo a la mía?, pues ahí está, con este bendito nombre, con el nombre de María de Guadalupe.
Es nuestra Morenita, nuestra Reina y nuestra fuerza, en este caminar diario, que nos ilumina y protege.
¿Qué os voy a contar que no sepáis?
Ella lo es todo.

Mati

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